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POR:MARÍA JOSÉ TROYA

POR:MARÍA JOSÉ TROYA

TRASCENDER, EL MEJOR LEGADO

Es uno de los empresarios más respetados del país. Su larga trayectoria viene acompañada de transparencia en su gestión, de mucha experiencia en los negocios, pero, sobre todo, de mucha confianza; palabra clave en el sector de los seguros.

Rodrigo Cevallos Breilh se considera un optimista, “no habría por qué no serlo, con todas las oportunidades que la vida me ha dado”; también es un creyente de que los valores hacen que cualquier negocio florezca y así lo ha demostrado. Durante más de cinco décadas, se ha volcado a aportar a la industria de seguros con su conocimiento y entusiasmo, en un segmento que no ha sido fácil de posicionar en el país. Sin embargo, con tesón y empuje, él ha consolidado una de las empresas más sólidas de Ecuador en ese rubro.
“He confiado en mi instinto, me he prepara-do, pero, sobre todo, he querido ser transparente con mi accionar, pues no concibo otra forma de ir por la vida”, afirma con mucha humildad, mientras añora los días en los que ese gran sueño era solo una ilusión.
Recuerda con detalle un verano en Salinas: la calidez del clima, el paisaje abrazador de la costa y a su familia reunida. Eran unas vacaciones como cualquier otras, hasta que escuchó el consejo de uno de sus hijos: “Papá, ya es hora de que usted ponga su propia compañía de se-guros”. Rodrigo ya llevaba años en la industria ocupando cargos importantes. En 1969, empezó a trabajar en Anglo Ecuadorian Oilfields; luego, en Seguros Cóndor, Huancavilca, Panamericana de Seguros y Fénix del Ecuador, entre otras em-presas… y era hora de dar un paso adelante. Fue así cómo esa epifanía de sus hijos se hizo realidad en febrero 1990: la estrella de Aseguradora del Sur empezó a brillar. Pero curiosamente su luz inició en Cuenca y con una pequeña sucursal en Quito. Cuatro años más tarde, la matriz se instalaría en la capital y, para 1997, se impondría como la aseguradora con más sucursales de Ecuador hasta la fecha. Un hito del que Rodrigo está orgulloso, pues ha podido competir con grandes corporaciones que han llegado al país, con un músculo financiero familiar que empezó desde cero, un reto del que muy pocos pueden presumir. 
Desde ese plano, el empresario destaca el enorme y constante esfuerzo que han puesto para ser competitivos en un mercado tan demandante; pero, principalmente, la intensa lucha por concienciar a la ciudadanía sobre la relevancia del seguro más allá de lo empresarial. “Es muy complejo que la gente entienda la importancia de estar asegurado. La dinámica ha cambiado frente a la prevención durante estos años, pero en un grado muy bajo. Se necesita, con vehemencia, enfocar de mejor manera los esfuerzos para educar y prever”.

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Rodrigo Cevallos B. recibió, en 2016, el título de Doctor Honoris Causa por parte del Instituto Mexicano Líderes de Excelencia, por su trayectoria empresarial.

Los pequeños grandes logros importan
Para entender el éxito de este empresario, hay que remontarse a su pasado. Hacer las cosas con excelencia ha sido una de las características que lo ha definido desde muy joven. Rodrigo fue el primer egresado del Colegio Spellman de Quito, fue un destacado deportista (fútbol, tenis y básquet eran sus actividades favoritas) y el abanderado del estandarte nacional. 55 años más tarde de este evento y a punto de reencontrarse con los compañeros del colegio, recuerda que siempre quiso destacar y dejar una huella que trascendiera el tiempo. Estudió Ingeniería Civil en la Universidad Central y cumplió el sueño de construir un conjunto de varias casas en un terreno familiar. Más adelante, consiguió su título de Administrador de Empresas en el Junior College del Colegio Americano.
Han pasado 50 años desde sus inicios en el complejo, pero apasionante, mundo de los seguros. Su mirada al futuro es positiva, sabe que la tecnología también empieza a dominar ese mercado y por eso confía en la mirada de las nuevas generaciones que trabajan con él: sus hijos.
Su travesía laboral estuvo forjada por un aprendizaje fuerte, pues desde la década del setenta ya se involucró completa-mente en ese apasionante campo “en el que se entra y no se sale más”, afirma riendo mientras da otro sorbo a su taza de café, en su amplia oficina que está llena de recuerdos importantes de su esposa Susana, sus cuatro hijos, nueve nietos, bajo la imagen poderosa del Divino Niño quien lo acompaña siempre.