SERGIO Y EL CARNICERO DE MI BARRIO

POR: ESTEBAN MICHELANA

POR: ESTEBAN MICHELANA

Vendía la carne pero también el hueso, y el carnicero del barrio insistía: “el fútbol es para hombres. La más baja en la garganta y ni bien inicie el partido, para que no te saquen roja”.

Sapo y pegador, no ganó ni el “solteros contra casados”. Igual se bajó a dos. La comunidad lo apartó por puerco, lento y mal cantante.
Circuló el video de un Sub-14 de El Nacional, corriendo a cazar a su ágil rival del Delfín de Manta. En el segundo intento, el hachazo quebró al ágil mo-reno, que se revolcó temiendo una letal lesión que sepultara su sueño. ¿Dónde aprendes tanta mierda, pelado?
Hay escuela. Buffarini, del Boca, logra un centro de taquito y al andar: una belleza de “rabona”. A cambio, con el bostero al piso, los de San Lorenzo lo cercaron. ¡Y hay maestría! Hace poco, Sergio Ramos estampó tal manotazo a Messi que lo dejó tirado y con el rostro sangrando. ¡Va el grandote y de yapa lo requintea!
Cada vez que un chofer de bus mata decenas de usuarios —con el tipo fugado—declaran sus dirigentes: “No salimos a matar”. Perturba que se pueda relacionar un carnicero, los transportistas y la mañosería de Ramos: la forma en que dañan. Y cómo, al final, casi siempre les cubre una jodida impunidad. “No fui a hacerle daño”, dijo el madridista tras bajarle la nariz a Milan Havel, del Viktoria Pilsen.
En cancha no corren angelitos. Aunque establecer la violencia, los cercos de miedo y la mala maña como recursos válidos —y celebrados— para erigirse ganador es un tenebroso viejo cuento del fútbol. 

¡Pisáis mi zona, te quiebro las patas, chaval! Así boquillea un carnicero.
Ramos: un récord de “corvinas” de espanto. Al portero Karius —Liverpool, final de la Champions League 2018— le chantó tal codazo en la cara que le dejó atontado: el alemán recibió dos goles inexplicables. Por las mismas, al egipcio Salah le bajó el hombro, por las puras. Madrid 3 Liverpool 1. Esta le salió perfecta: antes intentó reventarle el brazo a Dani Alves. ¡Se supera el pana!
¡Ligamentos del mundo uníos! Al uruguayo Nacho González (Levante), le mandó a casa una temporada. A Ricardo Montolivo del Milan, le comió el ligamento cruzado. Y a Vadillo —con 17 años, una promesa del Betis—, le cobró el cruzado anterior. En el fútbol, la rodilla es casi todo. ¡De eso sí sabe el panita!
A su canterano Regulón, lo arreó a balonazos en plena práctica. Jefe es jefe: hicieron las paces. Igual, a Ramos le vale. No es el mejor central del mundo, ni de lejos. Líder, va bien por arriba, marca goles, levanta al equipo, se caga en el VAR, intimida flácidos jueces, usa la patente de corso que le da la capitanía del todopoderoso Madrid. Y como el pirata Barba Roja, a sus rivales se los come crudos.
Ramos quiebra las reglas por un quítame las pajas. De jugar, sí juega. Y los buseros, de hacer viajes, claro, los hacen. Los unos dicen que no salen a ma-tar, el otro que no entra a dañar. La justicia secuestrada por las mafias y los árbitros mojados los pan-talones. Los transportistas siguen matando y Ramos sigue pegando. ¡Se juega como se vive!