POR:RENATO ORTE GALUÈ

POR:RENATO ORTE GALUÈ

MÉXICO O EL LAGO DE LA LUNA

Para viajar a cualquier ciudad del mundo, siempre necesitarás adelantarte en el tiempo; es decir, deberás encontrar información útil para entender lo que aparecerá ante tus ojos. Entonces, vamos a prepararnos para conocer una ciudad inigualable: ¡Ciudad de México!

Es la cuarta ciudad más poblada del mundo, con algo más de 20 millones de personas. Pero no te preocupes, hay mucha superficie para ¡tanta gente! Se trata de un inmenso valle, que antes fue tierra de lagos y ha sido ocupada por sucesivas culturas. Y desde esa perspectiva, el Distrito Federal es múltiple en lo que dejó cada momento del pasado. Lo primero que se debe conocer para entender esta megalópolis es su Centro Histórico. La Plaza de la Constitución, popularmente conocida como Zócalo, fue lo visible desde la Conquista española. Allí se construyó el Palacio  Nacional, el del Ayuntamiento y el Portal de los Mercaderes. En los años setenta, se descubrió accidentalmente, bajo la Catedral Metropolitana, el muy buscado Templo Mayor. ¡Fascinante! No te pierdas su exquisito museo.
Para adentrarse en el tema, imagínate una isla en medio de un gran lago (Texcoco) y, sobre esta, varios templos dedicados a sus deidades; entre los más importantes, uno al Señor de la Guerra y otro al Señor de la Lluvia. Allí se los veneró, tanto para vencer en los enfrentamientos bélicos, como para obtener mejores cosechas. No olvides que fue aquí donde se domesticaron varios vegetales y granos, hoy universales: maíz, fréjol, tomate, chile, calabaza, cacao y algunos más.
Unas cuantas islas artificiales rodeaban a la principal, todas con un sofisticado sistema de drenaje. En estas se cultivaban valiosos alimentos, por lo que puede pensarse como una verdadera revolución agraria, ocurrida en el reino de los mexicas (más tarde conocidos como aztecas), cuya lengua era el náhuatl, hoy el idioma más hablado por los indígenas mexicanos. A esta tierra, con nueva y compleja organización política, social y cultural, heredera de pueblos muy avanza-dos —como los antiguos Olmecas, los misteriosos componentes étnicos de Teotihuacán y los Toltecas—, la llamaron México-Tenochtitlán.
Bien alimentados, los habitantes continuaron creando construcciones monumentales, inspiradas en aquellas que habían sido levantadas anteriormente al norte del gran lago. A ese lugar se lo llamó Teotihuacán. Ver las pirámides del Sol y de la Luna, entre otras, que se alzan en medio de un imponente paisaje, es toda una sorpresa. Sus gigantescas dimensiones, la genial ocupación del espacio con que fueron ubicadas, sus calles pavimentadas, muestran un nivel muy alto de desarrollo, resultado de culturas sucesivas que se iniciaron hace más de dos milenios.

Para entender aún mejor este continuo y asombroso desarrollo humano y cultural, lo mejor es dirigirse al Museo Nacional de Antropología. Este es un paseo que vale la pena. Se entra a un inmenso y frondoso bosque llamado Chapultepec y, en medio, el museo. No solo que te encontrarás con un cuidadoso modo de exhibir el pasado de esta nación y región, sino que, además, su colección de objetos de distintas épocas es tan vasta que no podrás evitar la fascinación.
Allí, lograrás entender lo sucedido hasta la Conquista española (1519), liderada por Hernán Cortés. Ese cataclismo cultural fue muy parecido a lo que los europeos provocaron en toda Mesoamérica y en nuestro continente suramericano, por lo que los hechos ocurridos desde entonces resultan muy cercanos.
Si aún te quedan energías, entonces aprovecha para conocer el Castillo de Chapultepec, donde te enterarás de sus sucesivos ocupantes: desde los virreyes españoles, pasando por un singular emperador austríaco, hasta terminar con presidentes constitucionales.
Volvamos al Zócalo, donde te podrás dar un baño de arte en el esbelto edificio que ocupa el Palacio de Bellas Artes. Los grandes muralistas mexicanos (Siqueiros, Rivera, Orozco, Tamayo y otros tantos) te cautivarán con sus monumentales imágenes, otra estética manera de entender esta deslumbrante ciudad.
Una vez que hayas comprendido su pasado, te podrás sumergir en su presente. Tal vez, entonces, el apetito te reclame satisfacción. Hazle caso y vete directo a la Hostería de Santo Domingo, la clásica opción para probar es un chile en nogada, en cualquier época del año (aunque es un plato de temporada, que comienza en julio y termina en septiembre). Este platillo consiste en un chile poblano relleno de carne de res y cerdo, nueces, almendras y varias frutas frescas, todo cubierto con una salsa blanca de varios lácteos y decorado con el rojo fruto de la granada. ¡Es exquisito!
La comida mexicana es infinita. Si los tacos te son familiares, espera a descubrir los atoles, el pozole, los sopes, los tamales, las quesadillas, el champurrado, los huitlacoches en diversas preparaciones y tantos sabores más. Son demasiados los recomendables, así que te lo dejamos abierto para que pruebes todo lo que te ofrezcan; será poco lo que no te guste y mucho el placer de tantos sabores propios de esta tierra.
Podemos vislumbrar un gran viaje, pues esta hermosa ciu-dad tiene lo que cualquier viajero espera: sorpresas, deslumbrantes descubrimientos que te quedarán en la memoria, desde un riquísimo pasado hasta un excitante presente. ¡Estás en ca-mino a la Ciudad de México!

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