500-days-of-summer
POR:MARÍA JOSÉ TROYA

POR:MARÍA JOSÉ TROYA

LO QUE EL VERANO NOS DEJÓ…

Más allá del calorcito en la piel, la brisa que refresca el ambiente y la posibilidad de ropa más ligera, el verano siempre deja impregnado un recuerdo de niñez, de mar y arena, de tardes de juegos interminables. Para muchos, de tiempos más felices.

El verano en la retina
Desde el séptimo arte, las joyas inspiradas por el verano son demasiadas, al punto de que muchas ya se han convertido en un cliché. Pero es entendible que, en esa pausa de la cotidianidad, se asienten impactantes historias o que exista la posibilidad de encontrar gran-des amores como en Call me by your Name o el de La laguna azul; aventuras extremas y divertidas, como en el clásico Los Goonies y The Beach; o paisajes únicos y lle-nos de estilo, como el de Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma, que además ofrece un paseo por la ciudad. El cine se ha nutrido del sol y del descanso para crear películas y bandas sonoras a otro nivel. Aquí compartimos algunas sugerencias.
Para quienes optan por filmes de corte romántico, Call me by your name ofrece un idilio tan sutil y con una producción tan exquisita que elimina la posibilidad de la polémica. Un joven se enamora de un alumno de su padre y, entre imágenes perfectas de Italia en bicicleta, nace la historia que ha sido ganadora de varios premios importantes incluyendo un Oscar. El sol y los cálidos atardeceres son protagonistas de este romance.
Bajo este género, resulta imposible no pensar también en Before Sunrise. La bella Julie Delpy sube en un tren y, siguiendo su instinto, se embarca en una aventura europea junto a un desconocido (Ethan Hawke). Con un guion sólido, sin explosiones ni estridencias, los diálogos profundos de esta pareja dejan impregnada la sensación de lo que es un amor de verano y la posibilidad de un amor que trascienda las vacaciones.
500 days of Summer nació como un filme independiente, pero su éxito arrollador cambió su trascendencia en taquilla. La historia de amor, desamor, ilusión e incertidumbre de Summer y Tom resulta tan atrapante, justamente, por la posibilidad de que esos son los amo-res que no resultan, pero marcan. Must watch!
Dejando atrás al buen calibre, es innegable que el verano, como tal, también satura el aire con cuerpos en bikini y el olorcito a bronceador. Si es cuestión de sa-ber qué nos ha dejado la época estival, se vuelve a los años noventa con un David Hasselhoff imponente, una Pamela Anderson aún enterita y natural, dando zanca-das en una playa poco peligrosa pero muy seductora. Baywatch es indudablemente una de las series más exitosas e inolvidables para muchos. Es que quién no recuerda esos ajustados trajes carmines correteando por la arena, cabello al viento, diálogos llenos de nada, pero suficientes para matar el tiempo en el que Netflix o las series empaquetadas de las grandes cadenas aún no llegaban. Hoy, a la serie, se la considera un clásico del verano, que a veces aparece en horario no prime; tiene 11 temporadas, una película —con un esculpido Zac Efron— y miles de recuerdos calientes de la época noventera.

Verano sin bikini no es verano
Hay que hacer una pausa y volver a los básicos: las imágenes inolvidables de las musas que marcaron al mundo del entretenimiento. Entonces, sale un séquito de mujeres hermosas que cambiaron la percepción de lo que era el verano, la seducción sutil y el amor a primera vista: Jean Harlow (1935), un quiebre en el imaginario de lo que era una dama, su pose y sus sandalias resultaron escandalosas para la época; Esther Williams, sonriente sirena de los años dorados de la Metro Goldwin Meyer en 1950; Brigitte Bardot, francesa despreocupada que fue el sex symbol durante décadas; o la perfecta Elizabeth Taylor bañada por el mar en Suddenly, Last Summer. Pero la lista jamás estaría completa sin Ursula Andress en un bikini magnífico de Dr. No, Farrah Fawcet, Bo Derek o Rachel Welch.
Y es que el verano, con todo lo que deja, confirma que es más que una estación, es un estado al que todos anhelan volver. It’s a cruel summer!

La canción del verano
Así como se busca un destino ideal para vacacionar, hacer una lista de temas que acompañen al clima de la temporada puede ser esencial para completar la experiencia. Para muchos, incluidos los millennials, sigue siendo el himno vacacional que no ha perdido vigencia. Sin embargo, lo que conocemos hoy como “la canción del verano”, en realidad no siempre tiene que ver con el rating radial, sino por ser inolvidable y quedarse enlazada en el ADN de tu playlist favorito (o al del Dj de cualquier evento).
En España, a este fenómeno se lo toma en serio. La canción del verano es incluso un título honorífico para quien logre pegar con un hit escandalosamente bailable y de rigor en cualquier fiesta. No es solo un éxito: es un ritmo que trasciende. Así surgió el ‘Aserejé’ de las olvidadas Ketchup, ‘La Macarena’, ‘Hay que venir al sur’ de la mítica Rafaella Carrá, ‘María’ de Ricky Martin, ‘La Bicicleta’ de Shakira, ‘La Mayonesa’, entre otras cientos que encienden la radio en los primeros meses soleados y que no se apagan hasta décadas después.
En una reflexión sobre sus inicios, Manuel Román —de Libertad Digital— apunta que esta moda llegó de Italia, después de 1963, con el apogeo del Festival de San Remo, cuando las emisoras, aún en euforia, querían potenciar una canzone per l´estate (‘una canción para el verano’). La fórmula viajó a España y orgánicamente el bichito bailador se apoderó del mundo y de los artistas que ahora, con fórmulas básicas y contagiosas, crean melodías que perduran durante las cuatro estaciones.
Pero el asunto, por muy frívolo que parezca, queridos lectores y melómanos snob, tiene una connotación social que le ha hecho ganar incluso análisis y encuestas en res-petados medios de comunicación. El diario El País le dedicó un sesudo análisis del periodista Josep Cuní, en el que se compara estas canciones con la política actual, con mucha ironía, pero sin disminuir su relevancia: “…Así, los que fueron pecados de juventud para algunos se han reconvertido en la banda sonora de muchas vidas reconquistadas por el ritmo de la noche canicular…”.
Mientras que, 20 minutos —otro diario de corte popular— invitó a que la gente vote por las 50 canciones que han marcado los veranos eternos de todos los tiempos. Allí aparece, como la número 1, ‘Salomé’ de Chayanne; en otras posiciones están ‘La chica Yeyé’, ‘La Bomba’ de King África, ‘Me colé en una Fiesta’ de Mecano, ‘Solo se vive una vez’ de las poderosas Azúcar Moreno, ‘La Felicidad’ de Palito Ortega, ‘Mueve tu Cucu’ y decenas más.
Actualmente, ‘Despacito’ (2017) de Luis Fonsi sigue siendo el hit —casi imbatible— de estos años, aunque en 2019 se ha elegido a ‘Con Calma’ de Daddy Yankee como el soundtrack que nos acompañará estos meses.
Este verano suena a risas, a baile con soltura y, si te gustan los ejemplos anteriores, no te olvides que vienen con coreografías. 

Pero la memoria no solo apela a la nostalgia, también hay alegrías y, cuando se trata del verano, los recuerdos incluyen fiesta, amores temporales, vacaciones de familia y una que otra imagen que nos traslada a playas paradisíacas y al sabor de una piña colada.