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POR: DIEGO OQUENDO SÁNCHEZ

POR: DIEGO OQUENDO SÁNCHEZ

LAS NOVIAS DEL ROCK

El alimento de unos dioses fatuos

“Soy la mujer  que Little Richard quiso ser”, Lee Angel, novia del legendario intérprete de ‘Tutti Frutti’.

¿Cómo una belleza rubia, que lo iluminaba todo con sus ojazos azules, considerada una de las princesas del Swinging London, terminó vagando desorientada y harapienta por las calles de Londres?
Aunque su figura espigada, sus labios sensuales, su rostro de rasgos simétricos son los atributos que cautivaban al instante, Marianne Faithfull se hizo de un lugar en los mundos del espectáculo británico y estadounidense por mérito propio. Fue descubierta por Andrew Loog Oldham, el mánager de los Rolling Stones. Estrenó ‘As Tears Go By’, compuesta para ella por Mick Jagger y Keith Richards; y susurró ‘Yesterday’ en la televisión, erizando a la audiencia del prime-time británico. Allen Ginsberg se refirió a ella como “Proffesor of Poetics”. Sí, Marianne Faithfull era mucho más que una belleza rubia.
Hace casi un año, en mayo del 2018, la legendaria y paradigmática marca de guitarras Gibson se declaró en bancarrota. Este desenlace catastrófico tuvo muchas causas: Gibson perdió contacto con la realidad y abusó del prestigio de su marca con precios exorbitantes en sus guitarras, valor que no siempre coincidía con la calidad. Pero, hubo una probable causa mayor que se debe mencionar: la falta de nuevos héroes de la guitarra, que inspiren, convoquen y despeguen a los adolescentes de los aparatos musicales electrónicos y las consolas de videojuegos. Dominar la guitarra toma tiempo, perseverancia, esfuerzo y disciplina, que al parecer los muchachos de hoy no tienen interés en invertir. Piden por Amazon una caja de ritmos, un teclado o lo que sea, reciben su pedido en menos de 48 horas, abren el empaque, conectan, presionan un botón y la música suena casi por sí sola. El último héroe de la guitarra eléctrica fue Curt Cobain y los teenagers actuales no tienen a ninguno que se le parezca.
“Los Beatles quieren tomarte de la mano; los Stones quieren incendiar la ciudad”, esta célebre definición de Tom Wolfe es imprecisa, porque tanto unos como otros eran de una voracidad sexual arrolladora, algo muy propio del rock. Este género vino con un no sé qué y, desde el primer momento, alborotó las hormonas de las jovencitas. Basta con recordar a Elvis y su movimiento pélvico.
Ese no sé qué dio lugar a las groupies, que se diferencian de las fanes comunes porque traspasan los límites para entregarse totalmente a sus ídolos, pidiendo a cambio muy poco. Son millones las mujeres que quedan en el camino y que fueron o son amantes desechables de los íconos del rock. Dioses egocéntricos, vanidosos, egoístas y despiadados, que se nutren de la energía femenina cual vampiros, para luego dejar los despojos en la carretera sin la más mínima consideración. En diversas épocas, hubo célebres novias del rock, inteligentes, talentosas, carismáticas, que fueron aplastadas por la despiadada industria: drogas, orgías, alcohol, promiscuidad. Marianne Faithfull fue una de ellas. Influyó intelectualmente en Mick Jagger con libros, autores, poesía, música, que pulieron su espíritu salvaje. Pero Jagger pasó de largo cuando Marianne se hundió en la heroína, infierno del que nunca salió del todo, aunque sobrevivió y, de alguna manera, recuperó su vida.
Hoy las groupies siguen en ebullición. Se encuentran en donde está el vértigo del espectáculo y siempre estarán ahí para inspirar, pasarla bien, ahuyentar su modorra por un rato y embellecer los entretelones del rock. No obstante, ha surgido una fuerza femenina que se rehúsa a ser carne fresca para esos dioses vanidosos. Ellas no aceptan ser accesorios descartables, quieren ser grandes artistas y lo están consiguiendo. De hecho, los nuevos héroes de la guitarra no son varones sino heroínas, que están cautivando e inspirando a otras para que ocupen un lugar en el escenario y no detrás de él. Según algunos dirigentes de grandes marcas de guitarras, como Patrick Godin de Godin Guitars, son las mujeres las que están reverdeciendo y fecundando el mercado de este instrumento. Son ellas las que están resucitando la pasión por la guitarra en las nuevas generaciones.