INCONFUNDIBLE

Lleva siglos atrapando a artistas, escritores y Bon Vivants de todo el mundo, pero la Provenza sigue siendo una región por descubrir.

La combinación es perfecta: buen tiempo, playas, rincones preciosos, restos arqueológicos y monumentos históricos, además de carreteras secundarias que conducen a campos de lavanda, antiguos olivares o rutas que discurren junto a los acantilados. Incluso, deleita con sus montes nevados. Aquí están el cañón más profundo y la carretera más antigua de Francia, junto con imponentes puertos de montaña. Y, por supuesto, el Mediterráneo al fondo, como un espejo azul.
El viaje empieza por Aviñón: qué mejor punto de partida que esta ciudad, marcada por la sabia elección de los papas de pasar sin ninguna privación su exilio de Roma. Más allá se encuentra la Costa Azul, con sus endiabladas curvas tan cinematográficas y el glamur de Cannes y Mónaco. En ocasiones, los focos de Niza, el carisma de Marsella o la severidad de Montpellier han oscurecido el sencillo encanto de esta región sureña, muy mediterránea e inconfundiblemente francesa.

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