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POR: DIEGO OQUENDO SÁNCHEZ

POR: DIEGO OQUENDO SÁNCHEZ

EL MISTERIOSO PODER DE LA MÚSICA

El primer “tambor” que escucha el ser humano quizá sea el latido del corazón de la madre

No tengo nada en contra ni a favor del reguetón. Mi intención tampoco es meterme con las preferencias ajenas: “los doctores no discuten de gustos ni colores”. No es un artículo científico, ni mucho menos, pero creo que es necesario preguntarse cómo influye la música en el cerebro, el cuerpo y la vida del ser humano.
Nada al respecto está pesado ni medido; por lo tanto, para la ciencia, las afirmaciones sobre este tema no tienen ningún valor. De hecho, el famoso efecto Mozart no tiene validez para un amplio grupo de científicos. El crédito que se le otorga es que ha sido usado y abusado por el marketing con fines comerciales.
Creo que el tema de fondo es el cerebro humano y, en esa materia, sospecho que la ciencia está muy lejos de tener pistas concretas. Sé que es audaz afirmar lo siguiente, pero asumo el riesgo: la ciencia sabe más del espacio sideral que del cerebro y de la mente humana. Ambos son un misterio. Y ya que, una vez que los sonidos impactan en el oído, se transmiten al tronco cerebral y de ahí se distribuyen por complicadas redes corticales, el efecto de la música también es un enigma.
Según los defensores del efecto Mozart, escuchar al genio de Salzburgo mejora las facultades cognitivas humanas, es decir, nos hace más inteligentes. No obstante, no ha sido probado. Pero más allá de esta hipótesis, existen estudios serios cuyos resultados afirman que la música mejora el desarrollo cerebral de los bebés. Otras investigaciones han encontrado que la música afecta la química del cerebro, pues cuando nos resulta agradable, hace que libere dopamina, una neurohormona relacionada con el placer. Además, tiene beneficios en el sueño, el humor y la atención.
Por otra parte, aunque se desconoce el porqué, este arte es una de las pocas armas que tienen los especialistas para enfrentarse al avance del Alzheimer. A pesar de lo catastrófico que es para el cerebro, muchos enfermos en fases muy avanzadas conservan recuerdos musicales. En lo personal, no conozco ningún músico que haya sufrido de Alzheimer.
Claro, cuando nos referimos a música, necesariamente hablamos de aquella que reúne tres elementos indispensables para que el cerebro active todas sus funciones intelectivas: melodía, armonía, ritmo y —yo agrego— silencio. El reguetón solo hace uso del ritmo, no da el más mínimo lugar al silencio; es una descarga interminable de pulsos electrónicos aptos para bailar, pero no más que eso.
Aunque la ciencia no sepa ni por qué ni cómo, pienso que las madres —con su aguda intuición y su inmenso amor— saben desde hace millones de años que cantar a sus bebés, en el vientre y luego del parto, los desarrolla, los fortalece, y los hace más inteligentes y más capaces para la vida diaria. 

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